Volviendo al camino

Tuve un accidente en la carretera cerca de Antofagasta… sucedió un día al salir muy temprano por la mañana con un ejecutivo de ventas llegado de Santiago, viajamos de Antofagasta a Calama… terminaba el día y yo de conducir entrando la noche. De regreso cerca de Antofagasta a pocos kilómetros del inicio de la bajada este ejecutivo me dice:

– te ves cansado, ¿quieres que conduzca?

Le respondo negativamente, ya que después de haber conversado con el todo el día me convencí de que no lo dejaría conducir; le argumenté diciendo que no tenia experiencia con el camino, ni con la camioneta, ni con la dirección hidráulica, ni con el desierto. Decepcionado me insistió tanto, tantas veces, que accedí a que bajara la camioneta solo para descansar un rato, para luego iniciar la bajada.

Me detuve a la orilla del camino y cambié de puesto, me senté, relaje, apreté el cinturón y me puse atento a la manera de conducir de este personaje… comenzó bien, hasta llegar a los 100 Km/h que era la velocidad normal de la época.

Ya cerca de la bajada norte del acceso a Antofagasta le sugiero que me entregue el vehículo, ya que nunca había bajado por todas esas curvas, mientra que yo lo había hecho al menos 10 o 20 veces al mes durante varios años; me repicó que estaba bien que no tenia problema y que ya tenia experiencia con todos los vehículos que había conducido anteriormente y de los cuales tanto alardeó durante el día.

Le pedí el vehículo una 5 veces dando la misma respuesta; luego ya no tan amable lo hice de forma mas insistente cuando me percaté que las curvas aun las tomaba a 100 Km/h. Insistió y me contestó que no tenía problemas que estaba bien, pero vi que ya tenía problemas con el ingreso a las curvas de aquel sector.

A la misma velocidad ingresa en una curva la cual giraba a la izquierda y era notoriamente cerrada… de frente sin haberse percatado este ejecutivo aparece un camión gigantesco en la pista izquierda con sus balizas chispeando fuertemente lo que indicaba un gran peligro; no hubiese significado nada, pero su carga era de maquinaria pesada, mas grande y ancha que el camión, su carga era un cargador frontal Caterpillar que ocupaba media pista de nuestra vía…

Casi encima del cargador frontal, este ejecutivo reacciona girando hacia la derecha bruscamente la dirección del vehículo, moviéndonos rápidamente hacia el cerro por lo sensible de la dirección hidráulica… Mi reacción antes de chocar con la ladera del cerro fue tomar el manubrio y con mucha fuerza pero de forma suave, hacer un giro hacia la izquierda ya que el ejecutivo continuaba rígido haciendo fuerza hacia la derecha…

Al ingresar en nuestra pista a 100 Km/h mas suavemente y enfrentar la siguiente curva inmediata a la derecha, el ejecutivo reacciona inesperadamente e imprime fuerza hacia su izquierda y nos envía nuevamente hacia la ladera del cerro opuesto, obligándome a girar el manubrio en dirección opuesta para volver suavemente a nuestra vía. Lo hizo dos veces más a la derecha e izquierda y cada vez que lograba colocar en el camino la camioneta con mi brazo, el ejecutivo nos sacaba bruscamente contra el cerro opuesto… ya desesperado el ejecutivo en el último intento de entrar en nuestra pista imprime toda su fuerza en girar el manubrio en el mismo sentido que yo volvía el vehículo a nuestra pista para comenzar a volcarnos aparatosamente.

Después de 3 vueltas, aplastarse el techo de mi lado, ver pasar el concreto del camino por mi ventana, ver como USD $ 35.000 en computadores y servidores salían despedidos por toda la carretera, y adicional caerme el ejecutivo encima por no andar el con su cinturón de seguridad; la camioneta se detiene con una polvareda, vapor de agua y aceite por todos lados.

Salí como pude para sentarme en la orilla del camino, y contemplar tamaño desastre, con la vía llena de equipos computacionales, camioneta destrozada, vidrios, aceite y piezas del vehículo y una fila ya de proporciones de vehículos detenidos que salían y entraban a la ciudad de Antofagasta. Quede ahí a la espera de la ambulancia mientras nos auxiliaban otros conductores que vieron el espectáculo.

Horas después ya en el hospital, en urgencias aparece al pie de mi camilla el ejecutivo, para preguntar como me encontraba… al contestarle y solo por ser cordial, pues habían muchas personas observándome, le consulto lo mismo… para responderme:

– bien, ¡solo me torcí un dedo meñique! (con una sonrisa burlona)

Al decirme graciosamente eso, su cara cambio, cuando vieron mi expresión (hermosa por cierto) lo sacaron rápidamente de donde yo estaba para regresar a esta persona al siguiente día en el primer vuelo a Santiago…

Si no hubiese estado en observación y obligado a estar quieto en la camilla, el meñique sería el mas pequeño de los huesos torcidos que a ese tipejo le hubiese quedado bueno.

El resto es historia, la moraleja, No hay moraleja… fue una de mis cientos de aventuras… divertidas ahora que las recuerdo, como cuando quede tirado en el desierto con unos amigos sin agua ni comida y desplazarnos caminando todo el día bajo el sol abrazador del desierto hasta llegar a un pueblo entrada la tarde… lo gracioso es que como eran Santiaguinos sacaban fotos a todo, hasta a unos pájaros que volaban sobre nosotros.

Lo que no sabían y no les dije nunca es que esos buitres estaban esperando a que se murieran para darse un banquete, con lo robustos que eran serían como pasas gordas, secas y grandes para los buitres… y eso para mi es lo divertido de la aventura; nos siguieron estos buitres desde que abandonamos otra camioneta, hasta que llegamos al pueblo.

Estaba aburrido, por eso te escribí la historia, después te cuento la de muertos de pie en el desierto, o la tormenta de arena, o el fantasma heladero, o la llave en medio del desierto mas árido del mundo con agua potable, o las arenas movedizas, terremotos, aluviones, explosivos, traficantes de órganos (electrónicos, eso fue broma)…. viajes locos en avión a media noche al desierto que mientras se desplomaba el avión yo dormía tranquilo…. rescates de cuerpos… vuelos en camioneta y una que otra payasada con la chusca…

No necesariamente necesitamos turismo aventura para ver lo entretenido de la vida.

Como corolario:

No podemos forzar el volver al camino a las personas, si lo hacemos, lo mas probable es que termine en desastre.