Cuando el Matrimonio es una Desilusión

La unión del hombre y de la mujer se basa en dos simples palabras «respeto y protección»; son los principios básicos de la unión y del bien común para toda la sociedad en la que participamos.


Antes de entrar en el tema les contaré una anécdota

Un compañero de labores mientras desarrollaba documentos me requirió información personal asociada a mi estado civil, le respondí -casado- a lo que agregó -¿pero en buena?- y quedo a la espera de mi respuesta mientras yo procesaba la singular pregunta. Luego me acorde que él vive en otro entorno, a lo que llamamos «mundo» (los que no se rigen por normas eclesiásticas); en fin, para hacerlo pensar le devolví una pregunta para ver su manera de ver el matrimonio ¿acaso hay otra de estar casado que no sea por la ley civil y la eclesiástica?. Respondió muy seguro: «he visto que se casan como tu legales 100%, algunos viven por un tiempo juntos, otros se dicen pareja transitorias, unos se encuentran ocasionalmente (amantes), etc. Así entre serio y con una sonrisa un poco forzada me explicaba detalladamente su modo de ver a la gente «casada».

Agrego luego: – Pronto arrendare un departamento aquí cerca del trabajo y buscare una pareja, para que vivamos en él; bueno, y si no funciona, nos separamos. De ese modo explicaba su futura relación.

Nada que decir; los hombres (hablando del mundo) tienen sus ideas y son respetables, pero no las comparto, entonces ¿Qué es lo que pasa?, acaso este individuo no aprendió en su juventud valores como: fidelidad, compromiso, amor, etc., o es simplemente el mundo un ¿veamos si resulta?

¿Eso es el matrimonio hoy en día? ¿Qué verán ellos que llegan a este punto?

Como experiencia les contare que una pareja cercana, convivió durante muchos años, siete para ser exactos, lucharon por un futuro, estudiaron, se poyaron, adquirieron bienes, una casa… hasta que llego el momento en que tomaron la decisión de unirse en matrimonio en el registro civil. Para mi, personalmente significaba un avance ya que su estado de convivencia no era particularmente de mi agrado; pero es un avance el que salieran de su convivencia y tomaran su primer compromiso formal.

Un papel -decían- es solo un papel, todo sigue igual, es solo un compromiso de papel. Bueno, al cabo de un tiempo (dos años) el resultado de esa unión de papel quedó en nada, el papel se convirtió en una separación; en principio en buenos términos, ya que continuaron frecuentándose, hasta que la relación se rompió abruptamente para que cada uno estuviera de acuerdo en eliminar el tan dichoso papel ante la ley.

¿Qué sucedió?… no lo supe, pero es obvio que intereses no comunes dispararon la ruptura, la cual si o si se daría y que no implica que el singular papel tuviera algo que ver; ya que la capacidad de aguante de ambos fue loable por el tiempo que llevaron juntos en su vida de pareja y su corto matrimonio civil, no fue el papel lo que arruino su vida y proyecto de matrimonio.

En el enamoramiento idealizamos al otro, creamos grandes expectativas respecto del futuro en común. Cuando esta etapa termina, las parejas se encuentran con la dura realidad: El otro es como es y no como nosotros pensábamos que era. Pero los conflictos, (según el psiquiatra Ricardo Capponi), pueden ser una gran oportunidad para construir un proyecto conjunto»

Idealizamos: conversaba con mi amada esposa, me comentaba cuales eran las expectativas de esposo de una de sus amigas; la misma esperaba en su juventud al muy ponderado Capitán Moroni (Príncipe Azul) de los relatos de sus libros canónicos. Bueno, es muy loable, pude ver que las expectativas de su amiga eran inalcanzables (sino imposibles); una vara en extremo alta para cualquier avezado pretendiente mortal miembro que ha vivido desde siempre ceñido a las normas de su iglesia y menos alcanzable para alguien que recién ingresa y forma parte del grupo de adultos o jóvenes solteros miembros de la iglesia.

¿Qué?, ni pensarlo, personalmente soy poco y nada para mi amada, menos si las señoritas miembros de la iglesia tiene ese tipo de idealismo. Cuando conocí a mi amada en la iglesia, meses después de converso (nuevo miembro) ella ya tenía en perspectiva a alguno que otro misionero retornado del campo misional a quien entregarle su corazón, es como lo usual en la iglesia. Hablando en lo personal a ella la vi distinta, caída del cielo, con el carácter de una mujer virtuosa, o sea, lo mas hermoso ante mis ojos, tanto en espíritu como en lo corporal, que decir… me flechó, ella era, es y será lo que idealice en una hija de Dios.

No es que yo sea el Capitán Moroni, ni pensarlo (no le llego ni a los pies), es solo que a diferencia de la amiga, mi esposa solo esperaba a alguien que ganara su corazón y no al tan dichoso Capitán (suerte la mía); por lo que analizó, se enamoró y en forma aterrizada so pesó, y se proyectó al conocerme determinando que las «expectativas respecto del futuro en común» eran totalmente coincidentes, ambos vimos un futuro ETERNO con las bendiciones que eso conlleva; no sé los demás, pero ambos con mi esposa vimos ese futuro.

Crearse expectativas es una cualidad. El ser humano se mueve por las expectativas que se crea frente al futuro. Por el contrario, la ausencia de ellas es indicador de depresión. Mientras más complejo y arriesgado sea el proyecto que se emprende, más altas expectativas se requieren: la recompensa que se espera hace que valgan la pena los riesgos y sacrificios.

Ricardo Capponi – Psicoanalista

Para nosotros los miembros de la iglesia, el proyecto más arriesgado (pienso) es el futuro ETERNO y lamentablemente (al menos en esta vida) no podemos lograrlo a menos que hagamos participe a una compañera(o) eterna, con todos los convenios que ellos significa y los compromisos que se deben asumir.

En fin, cuando encontramos a esa(e) compañera(o) y aceptamos el desafío y por fin se terminan las gestiones y preludio del matrimonio, entonces comienza la vida juntos, empieza el gran proyecto y en el intertanto descubrimos que existe el otro lado de la moneda; pues, desaparecen muchas cosas y en otros casos aparecen, iniciando un proceso inverso, o sea, comienza a esfumarse lo que idealizamos para ser reemplazado por la desilusión.. y nos cae un inesperado balde de agua fría.

Las formas y carácter divino ya no son tales, pues descubrimos que nuestro socio de proyecto es débil y tiene innumerables defectos, y lo que tanto reprimió en la etapa de enamoramiento ahora se libera una vez seguro el compromiso; por ende, los defectos comienzan a notarse y magnificarse; nos encontramos entonces mutuamente distintos a lo que éramos y no es que dejase de existir el amor, sino que, descubrimos que no es como lo pensamos.